Viernes, 18 de Septiembre del 2026

El viento, el sol y nuestra manera de conversar

El viento, el sol y nuestra manera de conversar

Hay una antigua fábula atribuida a Esopo que cuenta una disputa entre el viento y el sol.

Ambos discutían acerca de quién era más poderoso.

Mientras discutían, vieron pasar a un hombre con un abrigo y decidieron poner su poder a prueba: ganaría quien consiguiera que el hombre se quitara el abrigo.

El viento comenzó.

Sopló con fuerza.

Después, con más fuerza todavía.

Pero cuanto más soplaba, más se aferraba el hombre a su abrigo.

Entonces llegó el turno del sol.

No empujó.
No obligó.
Simplemente comenzó a dar calor.

Al poco tiempo, el hombre se quitó el abrigo por sí mismo.


A veces hacemos algo parecido en nuestras conversaciones.

Cuando queremos que alguien comprenda, cambie de opinión, haga algo diferente o simplemente nos escuche, podemos empezar a “soplar más fuerte”.

Explicamos otra vez.
Insistimos.
Argumentamos mejor.
Subimos el tono.
Repetimos.

Y muchas veces ocurre lo mismo que con aquel abrigo:

cuanto más empujamos, más resistencia encontramos.

Quizás el problema no esté en que nos falten argumentos.

Quizás podamos observar desde qué lugar estamos conversando.

No siempre una conversación necesita más fuerza.

A veces necesita más escucha.
Una pregunta diferente.
Un silencio.
Curiosidad por la mirada del otro.

Y esto no significa estar de acuerdo.

Significa reconocer que una conversación no depende solamente de lo que decimos, sino también del espacio que somos capaces de crear para que algo diferente pueda aparecer.

La próxima vez que una conversación se vuelva difícil, quizás valga la pena preguntarnos:

¿Estoy intentando convencer… o estoy creando las condiciones para conversar?